Había nacido en 1915 en Hoboken, cerca de Nueva York. Su padre era un
bombero de origen italiano aficionado al boxeo. De su madre, cuenta la
leyenda negra que fue detenida por practicar abortos. Verdad o mentira,
lo cierto es que aquel joven de ojos azules cantaba como los ángeles y
tenía un encanto especial para seducir a las jovencitas.
Su larga
carrera de más de seis décadas la comenzó como miembro de los “Hoboken
Four”, con la Radio y sus concursos como objetivo. Y fue precisamente a
través de la radio como le descubrió el trompetista Harry James que no
dudó en incorporarle a la banda que acababa de formar.
En menos de un año fue Tommy Dorsey quien se hizo con sus servicios
como vocalista de su conocida banda. Con ella Frank Sinatra entraría en
la industria del disco y en las listas de éxito que ya no dejaría de por
vida.
En 1942 decidió emprender su propia carrera en solitario y, aunque su
contrato con Dorsey le impedía entrar en los estudios de grabación, la
Radio y sus shows en directo le convirtieron en un fenómeno de masas,
especialmente entre las jovencitas.
Cuando EE UU entró en la II Guerra Mundial, Sinatra, ni se alistó ni
participó en las giras de apoyo a las tropas, lo que, unido, a su fama
de mujeriego, no haría sino acrecentar esa leyenda negra que más
adelante le complicaría con la Mafía y acabaría condenándole a vivir con
el FBI hurgando en sus asuntos.
Sinatra sólo se vistió de uniforme, y varias veces, para el cine.
Pero lo suyo era la música y, después de una larga etapa con la Columbia
y otra no menos larga ni fructífera con la Capitol, decidió fundar su
propia compañía, Reprise, con la que se embarcaría en nuevos proyectos y
en la revisión de los cancioneros clásicos con distintas orquestas.
Cerca de sesenta años de carrera dan para mucho y Sinatra interpretó a
lo largo de la suya centenares de canciones que “dijo” como nadie. Al
final de la misma, recibió el homanaje de sus colegas en sendos discos
de duetos, unos más acertados que otros, y en un gran concierto con el
que se celebraba su ochenta cumpleaños.
Finalmente, el 14 de mayo de 1998, el viejo corazón de Sinatra dejó
de latir en un hospital de Los Ángeles a los 82 años de edad. A su
funaral, que dio idea de la dimensión del personaje, no faltó ni
siquiera alguien tan poco dado a actos sociales como Bob Dylan. Sinatra
lo había logrado. Había conseguido el respeto de todos viviendo a su
manera.

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